Cuando hice el voluntariado con niños de secundaria el año pasado tuve la suerte de vivir una experiencia inolvidable con ellos, y ahora siento una gran motivación para seguir aprendiendo y aportando.
Una frase que me marcó mucho fue la de un niño que se llama Favor: “Aina, gracias por la atención que me has dado desde el día que me conociste”.
— Aina, Voluntaria de SED en Mwanza
Cuando hice el voluntariado con niños de secundaria el año pasado tuve la suerte de vivir una experiencia inolvidable con ellos, y ahora siento una gran motivación para seguir aprendiendo y aportando.
Durante ese tiempo, mi día a día era muy tranquilo, conviviendo con los Hermanos, pero esta experiencia me abrió los ojos a la religión y despertó un profundo interés por su cultura, ya que íbamos a misa muchas veces a la semana, y el acto social mayor era la misa de los domingos. Allí conocí a mucha gente diferente y que a día de hoy sigo en contacto. Por dentro sentí cómo abrazaba esta forma de vivir y, por eso, quiero volver para conocerla aún más a fondo. Y, de hecho, el voluntariado es muy bonito y muy enriquecedor.
Los Hermanos también te dan mucha libertad, no te ponen presión, y realmente te permiten vivir la experiencia poco a poco, conectándote con las personas y con la comunidad de modo auténtico.
Además, la relación que construí con los alumnos de secundaria fue extraordinaria. En particular, con algunos de ellos establecí una conexión muy especial, ya que vi que necesitaban una figura femenina, como una hermana mayor, con la que poder abrirse y expresarse libremente. Muy a menudo los niños me buscaban para abrirse y explicarme cómo se sentían. Una frase que me marcó mucho fue la de un niño que se llama Favor: “Aina, gracias por la atención que me has dado desde el día que me conociste”. Ésta frase se quedó grabada ya que me contaba la añoranza que tenía de su familia al estar internado en la escuela.
Además, construí un vínculo muy cercano con un profesor, con quien nos hicimos muy amigos, y me invitó a su casa. Allí descubrí que uno de sus tres hijos tenía parálisis cerebral, una discapacidad que, en ese contexto, no está nada bien vista. Fue un impacto enorme para mí, porque me abrió los ojos a una realidad muy dura, y vi cómo la familia luchaba todos los días para darle una oportunidad. Estas experiencias, y la situación ellos afrontan, me marcaron profundamente y me hicieron abrirme, cambiar mi mirada y valorar aún más la fuerza de la inclusión. Y esa experiencia con esta familia tan cercana ha hecho que a día de hoy sigamos en contacto y hagamos videollamadas a diario.
Tuve la oportunidad de dar clases de educación física, aunque sólo en pocas ocasiones, puesto que coincidía con los exámenes. Los introduje en el Ultimate, un deporte estadounidense con frisbee, y vi cómo los captaba y cómo, durante los descansos, se ponían a jugar, algo que me hizo muy feliz ya que una pequeña parte de mí se quedaba allí con ellos y podrían pensar en mí. También hicimos un proyecto de reciclaje, creando unas “basuras” a partir botellas porque no tienen el concepto del reciclaje. A día de hoy recibo imágenes de los profesores y amigos que me muestran cómo se ha utilizado este proyecto.
Aparte, tuvimos días libres, donde pudimos hacer nuestra vida, conocer a más gente. También pudimos visitar Masonga, donde allí conocimos a una chica que nos invitó a su casa, porque su pareja hacía el cumpleaños, y pudimos compartir con ella ese día, donde ella nos regaló aquello donde cortamos la tarta y celebramos el cumpleaños de su cultura, que era muy interesante. Y, además, allí también conocimos a unas hermanas que tenían una escuela de primaria, donde nos soltaban allí a dar clase con ellos y estar con los niños. Fue ser una experiencia muy bonita, porque pudimos aprender de su rutina diaria y compartir momentos con los niños.
Pudimos visitar también una clínica psicológica en un hospital, y también visitamos varias iglesias, donde pudimos apreciar la arquitectura, la espiritualidad y la historia que se escondía detrás, haciendo que la experiencia fuera aún más enriquecedora.
Sobre todo, estas conexiones personales y la experiencia con ellos han sido un motor para mí, especialmente porque ahora estoy estudiando trabajo social. Este voluntariado me ha hecho crecer como persona y ha reforzado mi vocación y amor por la futura profesión.